➠ EL PODER SIMBOLISMO
SERIE 1-800 DESIRES

El poder del simbolismo: descifrando 1800 Desires
Dentro del amplio cuerpo de obra de la artista, la serie “1800 Desires” se erige como una exploración enigmática y profundamente sugestiva de la condición humana, el poder y el deseo. Aunque a primera vista pueda parecer una propuesta simple, está impregnada de un simbolismo de gran profundidad, que invita al espectador a descodificar sus múltiples capas de sentido.
La sutil danza de los símbolos
En “1800 Desires”, el símbolo ocupa el centro de la escena. Cada obra funciona como una sinfonía visual de signos y emblemas que remiten a deseos humanos fundamentales y a las dinámicas de poder. No se trata de elementos arbitrarios: han sido seleccionados con precisión para transmitir estratos de significado que operan, a veces, de manera sutil, otras de forma evidente o abiertamente enigmática.
El lenguaje del deseo
Basta considerar el uso de signos que representan poder, riqueza y deseo. Estos signos no se superponen sin más, sino que se integran orgánicamente en la trama de cada composición. Un símbolo de dólar, una corona o una forma sugestiva se convierten en un lenguaje silencioso que articula el comentario de la artista sobre el magnetismo del poder y de la acumulación material.
El arte como espejo
La serie “1800 Desires” actúa como un espejo de la sociedad contemporánea, reflejando nuestros deseos a menudo no verbalizados y las estructuras de poder que moldean nuestra vida cotidiana. Invita a los espectadores a confrontar sus propios anhelos —ya se orienten hacia la riqueza material, el reconocimiento o la influencia— y a cuestionar las dinámicas de poder que rigen el mundo que habitamos.
Revelar lo inconsciente
En muchos sentidos, esta serie propone un recorrido hacia el inconsciente. Aunque los símbolos han sido cuidadosamente elegidos, con frecuencia operan en un plano subterráneo. Se conectan con nuestro imaginario colectivo, revelando aspectos de la naturaleza humana que son a la vez universales y profundamente arraigados.
Diálogo con series anteriores
Cuando se observa en el contexto de series anteriores de la artista, “1800 Desires” adquiere nuevas dimensiones. La paleta monocroma, que remite a “Light and Shadow”, subraya los contrastes tajantes implicados en la persecución del poder y el deseo. En esta serie, las dinámicas de poder aparecen delineadas con nitidez: figuras portadoras de símbolos de autoridad se alzan sobre otras que carecen de ellos.
La conexión con el Pop Art
El uso de símbolos también evoca el espíritu del Pop Art, movimiento que celebró y a la vez cuestionó la cultura de consumo. Del mismo modo que los artistas pop incorporaron objetos y signos cotidianos a su obra, aquí los símbolos funcionan tanto como elementos estéticos como herramientas de comentario crítico.
Un comentario universal
Si bien se enraíza en la mirada singular de la artista, “1800 Desires” resuena en un plano universal. Invita a los espectadores a contemplar sus propios deseos, el atractivo del poder y las fuerzas ocultas que modelan la experiencia humana. Nos impulsa a reflexionar sobre los símbolos que perseguimos y sobre las significaciones que les atribuimos.
En suma
“1800 Desires” no es una serie que revele sus secretos de manera inmediata. Exige una mirada atenta y un tiempo de contemplación. Sin embargo, en su entramado simbólico se despliega un comentario profundo sobre la condición humana, el poder y los deseos, muchas veces inconfesos, que nos impulsan. Es testimonio de la capacidad de la artista para crear obras no sólo visualmente seductoras, sino también intelectualmente estimulantes, que invitan al espectador a emprender un viaje de introspección y autodescubrimiento.
➠ Profundizando en los conceptos de movimiento, cambio y la naturaleza siempre en evolución de la vida.

Serie ” De Luz y sombra” (“Of Light and Shadow “)
Transitoriedad e impermanencia
La decisión de Carla de representar el movimiento y el cambio en sus obras puede leerse como una meditación artística sobre la impermanencia de la vida. Al capturar instantes fugaces y escenas dinámicas, la artista recuerda al espectador que todo —desde las emociones hasta las formas físicas— está sujeto a transformación. Esta toma de conciencia puede fomentar una actitud de presencia, de atención plena y de mayor aprecio por el momento presente.
Abrazar el cambio
A través de su obra, la artista invita a asumir que el cambio no es algo que deba temerse, sino una parte intrínseca del tejido de la vida. Cada trazo o gesto expresivo sobre el lienzo representa la disposición a entrar en diálogo con el fluir de la existencia, subrayando la belleza que habita en toda transformación.
Evolución y crecimiento
El movimiento de la vida puede entenderse también como metáfora de crecimiento y evolución personal. En las obras de Carla, el espectador puede reconocer una narrativa visual de progresión, donde cada pieza refleja un nuevo capítulo en el permanente viaje de autodescubrimiento. Las composiciones dinámicas y los sujetos que se desplazan y mutan espejan el propio camino de desarrollo creativo y vital de la artista.
Energía y vitalidad
La energía vibrante y la vitalidad presentes en estas composiciones resuenan con la idea de que la vida es una danza constante de fuerzas en interacción. El juego dinámico entre colores, formas y volúmenes alude al impulso inagotable que permea el mundo. Estas obras pueden leerse como una celebración visual de la energía inherente a todo lo vivo.
La danza del tiempo
Con frecuencia se compara la vida con una danza: una secuencia rítmica de momentos que fluyen y se encadenan unos con otros. La representación del movimiento en la serie «De Luz y Sombra» refleja esta danza del tiempo, donde cada trazo parece eco del pulso mismo de la existencia. Esta perspectiva invita al espectador a participar de la coreografía, entablando un diálogo con la obra y preguntándose por su propio papel dentro de esta gran danza de la vida.
Al explorar estos conceptos profundos a través de su lenguaje visual, Carla D’Amato no sólo captura la esencia del movimiento, sino que invita al público a emprender un recorrido contemplativo.
A través de una sintaxis plástica singular, la artista provoca una reflexión sobre la naturaleza transitoria, cambiante y bella de la vida: una conversación que trasciende los límites del lienzo y resuena con fuerza en quienes se acercan a su obra.
➠El dominio del monocromo: una inmersión en la profundidad del blanco, del negro y sus matices
En las series 1800 Desires y De Luz y Sombra.
La elección de una paleta monocroma, para mí, fue una decisión deliberada y profundamente meditada. Al limitarme a un solo color —o a su ausencia— me embarqué en un viaje que se adentra en la esencia misma de la creación. El monocromo es una técnica intemporal que ha acompañado al arte durante siglos, y su fuerza reside en su capacidad para transmitir mensajes poderosos, evocar emociones intensas e invitar al espectador a explorar las capas de sentido que se ocultan bajo la superficie.
El sutil poder de la limitación
A primera vista, podría pensarse que trabajar con una paleta monocroma implica un ejercicio restringido, que reduce el rango expresivo de la artista. Sin embargo, es precisamente esa limitación la que me ofrece una experiencia única. Al elegir moverme dentro de los confines del blanco, el negro y sus matices, me veo desafiada a desplegar todo el potencial de estos pocos tonos.
Esta “restricción” se convierte en fuente de inspiración, empujándome a investigar las múltiples formas en que estos colores pueden interactuar, tensionarse y comunicarse entre sí.
La búsqueda de profundidad y significado
La potencia del monocromo reside en su capacidad para ir más allá del color y hablar directamente a las emociones y al intelecto del espectador. Al prescindir del espectro completo cromático, me veo obligada a concentrarme en la forma, la composición, el contraste y las capas. Cada trazo se convierte en una oportunidad para transmitir un mensaje más profundo, una narración velada o una emoción compleja.
Es dentro de esta paleta limitada donde encuentro el camino para destilar el núcleo del mensaje.
Esta elección fue deliberada: me permitió concentrar la esencia del poder, tanto en sus excesos como en sus sutilezas. Al sustraer el “ruido” del color, pude centrarme en el juego entre luz y oscuridad, revelando la danza minuciosa entre el poder y sus consecuencias.
El drama del contraste: «Luz y Sombra»
En la serie “De Luz y Sombra”, la ausencia de color se convierte en el escenario del drama del contraste. El negro, encarnación de la sombra y el misterio, danza con el blanco, símbolo de luz y revelación.
La tensión entre estos extremos genera una fuerza visual que atrae al espectador al corazón de cada composición. La irrupción del rojo funciona como un signo de puntuación preciso, inyectando vida, urgencia y pasión en la narrativa.
Realidades complejas en «1800 Desires»
En «1800 Desires», otra serie que habita el territorio del monocromo, me adentro en la condición humana, especialmente en los ámbitos del poder, la riqueza y el deseo.
La ausencia de color en las figuras enfatiza la crudeza de la tentación, del anhelo y de la ambición. A través de los grises y del contraste tajante entre blanco y negro, exploro la trama intrincada de deseos que nos envuelve en nuestra búsqueda de poder y prosperidad.
Cada trazo se vuelve reflejo de nuestras aspiraciones y de las complejidades que emergen de ellas. El contraste, la intensidad y el mensaje se ven reforzados por el uso de signos y símbolos.
Un mundo de exploración inagotable
Mi recorrido junto a la paleta monocroma ha sido profundamente transformador. Me ha permitido despojar a los sujetos de lo accesorio, explorar la profundidad de las emociones humanas y articular mensajes contundentes con cada gesto.
Ya se trate de revelar los excesos del poder o de desentrañar la sutileza del deseo, el monocromo se ha convertido en un compañero de viaje, invitando al espectador a acercarse, a tomar distancia y a sumergirse en la experiencia multidimensional de mis obras.
Conclusión: la maestría de lo simple
Al abrazar una paleta monocroma, busco simplicidad y desnudez de lo genuino. Al limitar la gama cromática, amplío el espectro emocional y su profundidad.
Estas obras son testimonio de una idea que sigo explorando: a veces, menos es más. El negro, el blanco y la irrupción del rojo o del oro —esa aparente sencillez— dan nacimiento a un mundo de complejidad, invitándote a explorar, interpretar y encontrar tu propia resonancia emocional dentro de las composiciones.
➠”La danza del movimiento:
El Performance Painting desvelado»
La danza del movimiento: el Performance Painting desvelado
Bienvenido a un viaje extraordinario al corazón de mi proceso artístico, donde el lienzo y la artista entablan una danza de movimiento y creatividad. Aquí desvelo la técnica innovadora que llamo Performance Painting: una aproximación en la que el acto de pintar deja de ser un gesto aislado para convertirse en experiencia, presencia y diálogo. Te invito a descubrir la magia detrás de este enfoque y a explorar cómo transforma el mero movimiento en obra de arte, convirtiendo la creación en un intercambio profundo entre la artista y el lienzo.
El nacimiento de una innovación
El arte es, con frecuencia, una celebración de la innovación y la exploración. Es en ese espíritu que abracé el Performance Painting: una técnica que une la expresión artística con la fluidez del movimiento. Como artista, siempre he buscado expandir los límites de las formas tradicionales de creación y ofrecer al espectador una perspectiva distinta sobre el acto de crear y pintar.
Performance Painting: una sinfonía de movimiento
Imagina un lienzo que cuelga libre, como una cortina, sin estar sujeto a la rigidez de un caballete o de una pared fija. El Performance Painting se asemeja a una sinfonía de movimiento, donde el cuerpo de la artista se convierte en instrumento y cada trazo de la espátula es una nota dentro de una composición mayor.
El lienzo se vuelve un verdadero partenaire en esta danza: responde a cada gesto, a cada impulso, a cada intención.
La conexión efímera
En el corazón del Performance Painting se encuentra una conexión efímera entre la artista y el lienzo. El acto de creación se convierte en un instante fugaz, un roce con lo infinito. A medida que la artista se mueve, el lienzo responde, registrando la energía y la intención en cada trazo. Es un diálogo en el que el lienzo susurra sus secretos, y la artista escucha con atención; imprimiendo sobre él su energía.
Capas de profundidad
El Performance Painting es una práctica estratificada en más de un sentido. Más allá de la fisicidad del gesto, incorpora capas de emoción, de intención y de interpretación. Cada trazo suma una capa a la narrativa, una pieza del rompecabezas que terminará conformando la composición final.
Es en este trabajo paciente de superposición donde emergen las figuras de gran formato que caracterizan mi obra: cuerpos que se construyen a partir de cientos de decisiones, correcciones, impulsos y silencios.
El arte del movimiento
En el Performance Painting, el propio lienzo se convierte en reflejo de la condición humana: un testimonio del poder del movimiento y de la conexión. Es una invitación al espectador a entrar en el mundo de la obra, a sostener un diálogo íntimo con la superficie pictórica.
Moverse alrededor, tomar distancia, acercarse, hacer espacio para las figuras, observarlas desde distintos ángulos: todo ello forma parte de la experiencia. En ese recorrido se revelan las sutilezas infinitas de cada trazo y de cada huella.
Lo invisible y lo profundo
En los espacios intermedios, en los intersticios entre las figuras abstractas, habita lo no dicho, lo no representado explícitamente: la esencia de la experiencia humana.
Al modo de ciertas tradiciones del arte japonés, el Performance Painting reivindica la importancia del vacío, de los espacios negativos que permiten a la imaginación del espectador completar aquello que no se muestra. Es allí, en esos huecos de silencio, donde muchas veces se instala la verdadera profundidad.
Una introspección compartida
El arte es un espejo, y el Performance Painting extiende una invitación a la introspección colectiva. A medida que el público recorre estas figuras de gran escala, pasa de ser mero observador a convertirse en partícipe de la danza, entablando su propio diálogo interior frente a la obra.
Se genera así una experiencia compartida que toca temas fundamentales que nos atraviesan a todos: vulnerabilidad, presencia, poder, memoria, deseo.
A modo de cierre: una sinfonía efímera
El Performance Painting es, en definitiva, una sinfonía de movimiento, una danza de conexión y una celebración de lo efímero. Es una técnica que trasciende los límites tradicionales de la pintura, invitando al espectador a explorar las capas de emoción e intención que dan forma a cada composición.
Te invito a sumarte a esta danza y dejar que el lienzo susurre sus secretos, mientras celebramos juntos el arte profundo del movimiento.
➠ «La poética del ritmo:
Performance Painting en la intimidad del estudio»”
La poética del ritmo: Performance Painting en la intimidad del estudio
En el mundo del arte, donde el foco suele posar sobre las grandes exposiciones y las performances en vivo, existe una forma de expresión más silenciosa pero igualmente profunda: el performance painting en el estudio.
Esta danza íntima del movimiento, que tiene lugar en la soledad del taller, revela un universo donde la creación y la introspección se entrelazan, ofreciendo una mirada única al corazón del proceso creativo.
La intimidad del performance en el estudio
A diferencia del escenario, el estudio funciona como un santuario en el que la artista realiza una performance profundamente personal.
La ausencia de un público inmediato permite una exploración sin filtros de las emociones, liberada de expectativas externas. En esa soledad, con frecuencia emergen facetas ocultas de la creatividad.
Abrazar la vulnerabilidad
El performance painting en el estudio invita a abrazar la vulnerabilidad. Sin la mirada de los espectadores, la artista puede experimentar sin miedo, asumir riesgos y adentrarse en territorios inexplorados de su lenguaje visual.
Esa vulnerabilidad es, a menudo, el terreno fértil donde se producen quiebres, hallazgos y revelaciones en la obra.
El diálogo invisible
La performance se despliega en silencio, pero no sin diálogo. El cuerpo de la artista se convierte en instrumento de expresión, traduciendo pensamientos y emociones en movimiento.
Cada trazo, cada gesto, cada capa de pintura lleva el peso de conversaciones no dichas entre la artista y el lienzo.
La obra como testigo silencioso
A medida que la performance se desarrolla en el estudio, el lienzo se vuelve testigo silencioso del mundo interior de la artista.
Las capas de pintura, las texturas y los matices cromáticos capturan la intensidad del proceso creativo. Esas capas constituyen un registro visual del recorrido, una huella del camino que invita al espectador a descifrar las emociones sedimentadas en la superficie.
Interpretar lo no visible
Para el público, la experiencia del performance painting en estudio es un viaje de interpretación singular. Aunque no presencian el acto físico, se encuentran con su consecuencia: la obra., sin embargo el lienzo habla.
Invita a explorar las capas, los colores y las texturas, a descifrar el lenguaje no verbal del movimiento de la artista inscrito en la pintura.
Descubrir narrativas personales
El performance painting en la intimidad del estudio suele revelar narrativas personales que resuenan de forma universal.
La obra se convierte en reflejo del mundo interior de la artista, pero sus temas, emociones y símbolos pueden tocar la sensibilidad de quienes se acercan a ella. De este modo, una performance íntima trasciende los límites de la intimidad para conectar con un público más amplio.
Una invitación a la contemplación
La ausencia de un público en vivo en el estudio abre la puerta a otro tipo de vínculo. Quien se aproxima a la obra no es sólo espectador, sino contemplador.
Se relaciona con la obra desde un lugar más introspectivo, permitiendo que la imagen despierte emociones y memorias propias.
En ese encuentro, la pintura revela otra dimensión de la performance: la que se completa en silencio, en el espacio interior de quien la mira.
➠ “La sutileza que invita , aporta profundidad y fuerza”
En el territorio del arte, la sutileza suele decir más que cualquier gesto grandilocuente, y la performance íntima del pintar en el estudio no es la excepción. Esta danza silenciosa del movimiento, desplegada en la soledad del taller, entreteje capas infinitas de delicadeza para dar lugar a obras que resuenan con una poderosa fuerza a través de lo sugerido más que de lo explicitado. En este recorrido nos adentramos en la poética de la sutileza en la obra de Carla D’Amato, donde convergen ecos del arte abstracto japonés y otros conceptos afines.
La esencia de la sutileza
En el corazón de su studio performance painting se encuentra el arte de la sutileza. Se trata de una práctica en la que no se pinta a partir de grandes gestos enfáticos, sino desde la matización y la delicadeza.
Cada capa de pintura aplicada es un susurro, cada trazo una caricia leve. La artista no busca avasallar al lienzo, sino invitar al espectador a internarse en los misterios sutiles que éste resguarda.
Revelar lo no visible
Al igual que el concepto de yūgen en la estética japonesa, la performance pictórica en el estudio fomenta la exploración de lo no evidente. Yūgen nos invita a contemplar aquello que se oculta bajo la superficie, recordándonos que la verdadera belleza suele residir más allá de la percepción inmediata.
En su trabajo de estudio, Carla construye capas que ocultan tanto como revelan, llamando al espectador a buscar esas profundidades veladas.
La poética del espacio vacío
El arte japonés celebra a menudo la poética del espacio vacío, conocida como ma: la idea de que la ausencia de materia puede ser tan poderosa como su presencia.
El studio performance painting abraza este concepto al conceder un papel esencial a las zonas no pintadas del lienzo. La sutil interacción entre lo que está marcado por el gesto y lo que permanece en reserva genera una danza de equilibrio y armonía, donde el silencio visual también habla.
De la sutileza a la fuerza
En el universo del performance painting en estudio, la sutileza se convierte en vía de acceso a la potencia.
Las capas de trazos delicados y veladuras translúcidas se acumulan hasta conformar un tejido visual que late con una fuerza silenciosa. Quien mira puede sentirse atraído hacia la obra, detenido en sus detalles mínimos, experimentando una sensación de afirmación interior a través de esa belleza contenida.
Más allá de las palabras
En su dimensión más sutil, la performance pictórica en el estudio trasciende a menudo los límites del lenguaje. Invita al espectador a conectar con la obra desde un plano intuitivo, donde las palabras pasan a ocupar un lugar secundario.
Del mismo modo que el concepto de wabi-sabi, que celebra la imperfección y la transitoriedad, este modo de pintar en el estudio permite que las pequeñas irregularidades, las huellas y los matices se revelen como facetas singulares de la experiencia humana.
A modo de cierre: el poder de lo callado
La performance íntima del pintar en el estudio, con su énfasis en la sutileza y el matiz, encarna el poder de lo insinuado. Toma inspiración del arte abstracto japonés y de nociones como yūgen y ma para generar obras que vibran en una profundidad silenciosa.
Al entrar en contacto con estas capas delicadas, el espectador es invitado a un viaje contemplativo en el que el arte habla con elocuencia a través de su infinita sutileza, invitándonos a descubrir la fuerza que habita en lo quieto, en lo mínimo y en lo apenas sugerido.
➠«El camino singular de la artista en el Performance Painting»
El Performance Painting, tal como lo practica Carla D’Amato, se erige como testimonio de una visión singular y de una aproximación profundamente innovadora al proceso creativo. Lejos de los métodos tradicionales, su técnica supone una ruptura decidida con lo convecional, marcada por características distintivas y un impacto de notable profundidad.
La encarnación de la innovación creativa
En el núcleo de esta innovación artística se encuentra la encarnación total de la creatividad. Más que aplicar pintura sobre un lienzo, la artista se sumerge por completo en el acto de pintar.
Su cuerpo se convierte en canal de expresión de visiones interiores, emociones e intuición artística. Cada gesto sobre la superficie no es un simple trazo de espátula o pincel, sino la canalización directa de su esencia creativa.
La disolución del yo
Lo que distingue su Performance Painting es la profunda disolución del yo que tiene lugar durante el proceso. En esta práctica intensamente inmersiva, el ego se repliega, permitiendo que emerja una forma de creatividad más auténtica.
Libre de la autoobservación y del juicio, la artista accede a un manantial de inspiración que fluye sin las ataduras de influencias externas, sin formas ni convenciones impuestas.
Entrar en el estado de flujo
La forma en que Carla aborda el Performance Painting la conduce de manera natural al conocido “estado de flujo”. Este estado mental, caracterizado por una concentración absoluta y una absorción creativa total, es el espacio donde su trabajo alcanza máxima intensidad.
En esos momentos, el tiempo pierde relevancia y la artista se funde con su obra. Las distracciones se diluyen y sólo permanece el acto puro de crear.
Un diálogo con el lienzo
El Performance Painting es un intercambio dinámico y recíproco entre la artista y el lienzo. Cada trazo, cada movimiento, desencadena una respuesta en la superficie.
Esta interacción sensible va modulando cada acción posterior, dando lugar a una conversación visual intrincada. El lienzo deja de ser un soporte pasivo para convertirse en socio activo del proceso creativo, guiando y moldeando el resultado final.
Un portal hacia el subconsciente
Para Carla D’Amato, el Performance Painting es también un portal hacia las profundidades del subconsciente. Le permite explorar los recovecos de su mundo interior, sacando a la luz emociones, recuerdos e intuiciones sepultadas.
La fisicidad del proceso, junto con la repetición de los gestos, opera como un viaje meditativo que aquieta la mente consciente. En ese estado de introspección, facetas ocultas del yo afloran y encuentran su expresión sobre el lienzo.
Una odisea espiritual
Por encima de todo, el Performance Painting se manifiesta como una odisea espiritual. Trasciende la técnica y la destreza para convertirse en una práctica casi sagrada.
El acto de pintar se transforma en una forma de meditación que forja una conexión profunda con algo que la excede. Ya se entienda como vínculo con una fuente universal de creatividad o como una forma de comunión con los misterios de la existencia, esa conexión impregna su obra, dotándola de un carácter trascendente.
En suma, la aproximación de Carla al Performance Painting es, en sí misma, una revelación: un viaje de innovación, autodescubrimiento y comunión espiritual. Su técnica única ha abierto camino a una forma de expresión artística enteramente propia, dando lugar a obras que no sólo cautivan la mirada, sino que encapsulan la esencia misma de su espíritu creativo.