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INTERVIEW | Carla D'Amato

PaintingDrawing

ENTREVISTA | Carla D’Amato

Al-Tiba9 Contemporary Art 

 March 13, 2026

10 preguntas con Carla D’Amato

El recorrido artístico de Carla comenzó a definirse desde muy temprano a partir de un encuentro formativo con el maestro argentino Benito Quinquela Martín, un momento decisivo que despertó en ella una devoción duradera por el dibujo y por la profundidad expresiva del grafito y el carboncillo.

Enraizada en Buenos Aires y atravesada por años de vida entre diversos paisajes y culturas, su obra se nutrió de una observación atenta de los contrastes de la vida y de la condición humana. Con una base arquitectónica y una formación europea que amplió su rango técnico, consolidó un oficio disciplinado mientras continuaba expandiendo los límites de la imagen, la materia y el sentido.

A través de una exploración intensa y sostenida, Carla desarrolló una técnica propia: Performance Painting. Allí, gesto, movimiento, tiempo y materia convergen en un lenguaje vivo. La imagen nunca es meramente física, sino una puerta de acceso a una dimensión más amplia, capaz de revelar realidades ocultas, ecos emocionales y las fuerzas internas que nos impulsan o marcan nuestro ritmo. Su práctica oscila entre atmósferas sutiles y contemplativas, y obras cargadas de urgencia y energía, invitando siempre al espectador a una experiencia directa de agencia, presencia e interpretación.

Atemporal y a la vez contemporáneo, su cuerpo de obra permanece deliberadamente abierto. Carla cree en otorgarle al espectador la posibilidad de completar la narrativa desde su propia percepción singular, generando así una interacción dinámica entre la obra y quien la observa.

Las creaciones de Carla integran numerosas colecciones privadas en el Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos. Su trabajo ha sido reconocido a través de su participación en destacadas ferias y exposiciones de alto nivel en Estados Unidos, entre ellas Art Wynwood, Red Dot Miami, Art Miami Context, Art Palm Beach Modern + Contemporary y LA Art Show.

Carla está representada por diversos art dealers y galerías a nivel internacional.

carladamato.art | @artist.carladamato

Carla D’Amato – Portrait

DECLARACIÓN DE ARTISTA

“Para encontrar una verdadera liberación y alcanzar nuestro máximo potencial, es esencial abrazar nuestro yo auténtico y aventurarnos sin temor en territorios inexplorados, allí donde habita nuestra esencia interior.

Dentro de mi obra, la imagen trasciende su mera fisicidad y se convierte en una puerta de acceso a una dimensión más amplia. Se vuelve un vehículo para expresar las complejidades de la condición humana, desenterrando realidades ocultas, ecos emocionales y fragmentos que nos impulsan hacia adelante o determinan nuestro ritmo. A través de mi arte, busco tender un puente entre esos territorios internos y el plano consciente desde el cual navegamos y existimos.

A veces, mi abordaje adopta una forma más sutil, como ocurre en la serie evocadora HAPPENING NOW, que sugiere la posibilidad de cultivar vínculos más saludables y positivos con nuestro entorno.

En otras ocasiones, mi trabajo irradia una energía potente, como se manifiesta en la serie Huellas del Momento Presente. Esta serie convoca a una acción inmediata a través de trazos gestuales y capas intrincadas de marcas matizadas, impulsando al espectador a involucrarse profundamente con su propio sentido de agencia.

Mi cuerpo de obra se mantiene atemporal y contemporáneo a la vez, permitiendo que la imagen evoque e inspire, mientras deja su mensaje abierto. Creo en conceder al espectador el poder de dar forma a la narrativa a través de sus propias interpretaciones singulares, propiciando una interacción dinámica entre la obra y quien la contempla.”

— Carla D’Amato

THAT SUMMER © Carla D’Amato

ENTREVISTA

¿Podés compartir tus primeros años como artista y explicar de qué manera tus encuentros con Benito Quinquela Martín marcaron un punto de inflexión para tomarte en serio el dibujo y el arte? 

Mi relación con el arte no comenzó como una decisión consciente, sino a través de varios encuentros con el maestro pintor Benito Quinquela Martín, amigo íntimo de mi familia y muy cercano a mi abuelo paterno. A raíz de esa cercanía, cuando mi madre necesitó restaurar una antigua pintura al óleo de época colonial —un Cristo al pie de la Cruz—, finalmente logró convencer al maestro, tras insistentes pedidos, de aceptar la restauración. Yo tenía casi dos años en ese momento, como se ve en la fotografía adjunta.

A partir de entonces, nuestras visitas, muchas veces junto a mi abuelo y a mi madre, se hicieron más frecuentes. Íbamos a su taller para ver el avance de la restauración, y esas visitas, sin que yo lo advirtiera, se transformaron en una educación silenciosa y profunda. Yo era una niña muy inquieta y el maestro no tenía demasiada paciencia… así que, para mantenerme ocupada, me daba papel y pequeños trozos de carbonilla y grafito y me decía, con total simpleza: “Dibujá lo que ves”

Inmersa en su mundo — empecé a copiar lo que veía, incluso a esa edad temprana. Me fascinaba la espátula, aunque no me dejaba tocarla. Y en ese gesto casual de “dibujá lo que ves”, todo empezó: yo quería seguir las figuras de sus pinturas. Me atraía especialmente el blanco y negro; en la casa de mi abuelo había un grabado que me dejaba hipnotizada, y yo me sentaba a intentar descifrar cómo estaba hecho.

La restauración llevó años, hasta que enfermó y falleció. El maestro trabajaba con una dedicación y una lentitud que hoy comprendo me permitieron ser testigo de la ética del oficio: paciencia, precisión y una mirada que no se apura. Quinquela me enseñó verdades simples que se volvieron principios: nada es solo negro o blanco; es el gris lo que da forma y volumen. Me alentó a ensuciarme los dedos, a dejar espacio, a entender que no todo debe ser llenado, que el vacío también importa.

Y luego llegó el gesto que cambió para siempre mi percepción: un día me sugirió probar agregando agua al grafito y a la carbonilla. Ver cómo un hilo fino de agua arrastraba las partículas, dejaba una huella, migraba sobre la superficie y producía impresiones inesperadas fue como contemplar un micro-universo en movimiento. Me sumergí en la idea de que la materia misma era inteligencia, de que en la interacción entre control y accidente ocurre algo íntimo, una suerte de conversación, y de que, vista a la distancia, esa intimidad puede contener lo inmenso de otra manera.

Desde entonces, he seguido buscando esos instantes sublimes: me interno en el recorrido de las partículas, observo cómo se mueven, cómo transforman el plano, cómo lo íntimo se vuelve universal. Mi obra y yo habitamos esa dimensión entre lo abstracto, la micro-visión, la intimidad, la cercanía y lo figurativo, con el impacto de una mirada macro.

En definitiva, esa cercanía con Quinquela, esos años visitando el taller del maestro, su atmósfera, su olor, su luz y las exposiciones que presencié hicieron más que influir en mi decisión de tomar en serio el dibujo y el arte: me iniciaron en una forma de ver. Hasta hoy, mi trabajo nace de una búsqueda insistente por regresar a esos momentos en que una marca simple, de pronto, contiene historia, tiempo y memoria

Painting n. 625 © Carla D’Amato
Painting n. 622 © Carla D’Amato

¿Qué papel ocupan hoy el grafito, la carbonilla y el gesto dentro de tu práctica?

En mi práctica, lo más fundante es la profundidad tonal. Mi búsqueda de un negro profundo, casi “ciego”, un negro que absorba la luz, se construya por capas y se convierta en atmósfera, me llevó a experimentar con distintos tintes y pinturas para alcanzarlo. Con el tiempo desarrollé mi propia mezcla: una formulación que considero parte de mi lenguaje visual, en la que el grafito y el carboncillo son componentes esenciales de una receta reservada. Cuando trabajo con color, la búsqueda sigue siendo la misma: profundidad tonal, absorción y atmósfera.

En segundo lugar, la materia me importa en tanto comportamiento. Necesito que ese negro —o cualquier color— tenga una cualidad particular: que se vuelva más líquido que sólido, para poder ser arrastrado, desplazado, expandido y luego reaparecer. Mi técnica, Performance Painting, se nutre de la tensión entre control y accidente, pero esa tensión solo existe si la materia verdaderamente responde. Dentro de mi fórmula, el grafito, el carboncillo y otros pigmentos me ofrecen exactamente eso: una densidad móvil y una profundidad que no encuentro en ninguna pintura industrial.

Y finalmente está el gesto, que para mí no es simplemente una marca visual, sino una acción física que deja evidencia. Es la búsqueda de un rastro de existencia: ese instante impreso en el que toco lo real. Trabajando con espátula —una influencia que remite al maestro— persigo un trazo que, a veces, se siente casi como un cincel. Necesito que la materia se deslice y, al mismo tiempo, resista, para que genere esa “música”. Solo entonces aparece el carácter. De esa relación emerge algo crucial: el sonido. El sonido de la espátula contra la superficie forma parte de la obra. No es un detalle romántico; es estructural, un indicador inmediato de fricción, presión, ritmo y dirección. Es la prueba de que la pintura está ocurriendo como acción.

Por eso, la tela no es un simple soporte, sino un territorio que preparo y trabajo. La superficie es parte del proceso y debe estar lista para recibir el movimiento, responder al arrastre, permitir que el negro profundo se imprima, se pliegue y regrese. En mi proceso, el lienzo se convierte en un instrumento: el campo donde materia, gesto y sonido convergen y terminan construyendo la profundidad que persigo, de modo que la obra terminada es, en cierto sentido, el testimonio de todo lo que la precedió.

Desarrollaste un enfoque y técnica personal al que llamás Performance Painting. ¿Cómo describirías esta técnica en términos simples?

Performance Painting es una búsqueda viva, una inmersión en la imensidad de las posibilidades, donde todo permanece abierto. Para mí, es revelación, no la persecución de la figuración ni de un estilo fijo. La obra se despliega en el umbral entre lo no visto y lo que está llegando a ser. No hay protagonistas, no hay guion, no hay repetición: solo el intercambio en vivo entre atmósfera, intención, gesto, superficie y materia, donde la imagen se genera capa por capa. Sobre un lienzo preparado, suspendido libremente para permitir el movimiento, la obra se acumula en delicadas capas de impronta, huellas de espátula —y ocasionalmente otros elementos—: acción, arrastre, presión y trayectoria.

Lo esencial es el diálogo entre intención y respuesta. Yo inicio el gesto, pero el movimiento responde con una voluntad propia, dejando un registro, una huella. Performance Painting se despliega en el territorio de la incertidumbre y del accidente: escucho lo que la materia propone, leo lo que el lienzo me devuelve, y construyo la obra como una conversación en curso con esa respuesta. El sonido, la resistencia, el deslizamiento: todo eso forma parte del proceso. Por eso la pieza final no es solo una imagen: es el testimonio de una secuencia de movimientos y decisiones, una memoria física de un momento de presencia.

En síntesis: Performance Painting es un intercambio corporal, en tiempo real, en el que el gesto se convierte en impronta, capa tras capa, sobre un lienzo que se mueve y responde.

Painting n. 606 © Carla D’Amato

¿Cómo modelan el movimiento y el tiempo la manera en que una obra llega a existir para vos?

El movimiento y el tiempo son lo que permite que la obra surja, generando ritmo, como si cada pieza tuviera su propio ciclo vital. La obra se configura entre acción y pausa, entre aceleraciones y silencios. A veces la decisión es intervenir; otras veces, detenerme y contemplar para poder escuchar de nuevo. Se trata de superponer capas y responder a un ritmo interior, no a una estructura. El presente puede volverse un espacio hipnótico, expandido.

La técnica misma funciona como un vehículo para profundizar en el momento presente. Hay una urgencia —el agua que corre, la materia que se desplaza— que me mantiene en un estado de alerta casi meditativa. Cada trazo, cada marca, se vuelve experiencial: me arrastra a un túnel de atención del que no puedo apartarme. Me mantiene anclada al cuerpo, en una escucha total.

En ese estado, dejo atrás una mirada nostálgica hacia el pasado y, si aparece una impronta, permito que se manifieste. Y también dejo atrás un futuro encantado de creación proyectada y rígida. Lo que emerge no es solo visual; es una acumulación de presencia. Por eso digo que el resultado final es el testimonio de un recorrido, no una imagen cerrada.

Tu obra suele desplazarse entre atmósferas sutiles y silenciosas, y otras piezas más enérgicas y urgentes. ¿Qué determina ese cambio?

Ante todo, es una decisión de atmósfera. El cambio proviene de mi necesidad de registrar aquello que me habita, y que muchas veces reconozco más allá de mí misma, en lo colectivo. Busco un lenguaje que no necesite explicaciones laterales, sino que hable desde la presencia y desde una atmósfera vivida, sin justificación. Para mí, la urgencia y la quietud no son “estilo”; son energía, la energía que la obra necesita para existir. Ese movimiento entre lo sutil y lo urgente no es solo una cuestión de construcción de imagen. Cada serie tiene su propio ritmo y busca transmitir un estado particular.

Estamos hechos de contrastes, y mi trabajo también. A veces se vuelve más corporal y directo, como en Traces of the Present Moment ( Huellas del momento Presente) o Within the Depths of Strength (Desde la profundidades de la fortaleza interior ), como registro de un pulso intenso. En otras ocasiones emerge una dimensión más sutil e íntima, como en Happening Now, donde la obra invita a la contemplación, a estar con uno mismo y con el instante fugaz, entrando en otra clase de tiempo. Quietud y urgencia, ambas son verdaderas. Ambas pertenecen a una misma vida.

Painting n. 610 © Carla D’Amato

¿Qué temas o preguntas sobre la condición humana te interesa explorar especialmente en este momento?

Me fascina la contemplación de la vida misma; cómo respondemos, cómo nos movemos y quiénes somos, somos una constructo moldeado por la experiencia acumulada. En mis nuevos proyectos estoy explorando la experiencia colectiva, y cómo esta se vuelve cada vez más móvil, volátil y cambiante, al igual que el lienzo suspendido en mi trabajo.

Me atrae especialmente la huella de urgencia que atraviesa nuestro tiempo y, al mismo tiempo, esa ausencia sentida de conexión —con nosotros mismos y con la comunidad—. Cómo todo eso se inscribe en el cuerpo, en la presencia y en la manera en que habitamos el mundo juntos.

The golden Hour of Remembrance © Carla D’Amato

¿Cómo te gustaría que el público se vincule con tu obra, emocional o físicamente, cuando se encuentra con ella?

Mi intención es abrir un espacio de inmersión y diálogo. La imagen es el lenguaje del inconsciente, y toda mi práctica —también en su dimensión inmersiva— busca activar aquello que vive por debajo de la superficie: ya sea paz, una memoria antigua o arquetípica, o una emoción. Si ese contacto sucede, entonces lo más importante ya ha ocurrido.

En ese sentido, me interesa traer ese material del inconsciente a la superficie, una sensación, una huella, una verdad íntima. Y si eso sucede, el encuentro con la obra se vuelve un punto de conexión: con uno mismo y con el colectivo humano que compartimos.

¿De qué manera vivir entre distintas culturas y lugares influyó en tu lenguaje visual y en tu perspectiva?

Vivir entre distintas culturas y lugares me enseñó desde muy temprana edad que el mundo está hecho de matices y de puntos de vista. He observado que, aunque la cultura nos moldea, existe una naturaleza humana común y una estructura más sutil que atraviesa cualquier geografía. Sumergirme en lenguajes visuales tan diferentes me mostró que la riqueza se encuentra más allá de lo que una cultura expresa exteriormente: hay identidad, ritmo y sensibilidad, y todo eso fue impregnando gradualmente mi manera de ver y de construir una imagen.

Vivir en Italia y viajar por Europa me dio una relación con la historia, los museos y un patrimonio cultural inmenso y diverso. América Latina me dio contraste: la intensidad del color, la energía de la calle, el pulso del graffiti en Brasil, la escala monumental y una relación más corporal con lo colectivo. Y sus pueblos pequeños, su tempo más lento, la observación y ese tiempo que parece expandirse, me dejaron otro sentido de la presencia, la conexión y el encuentro. Todo eso ha configurado mi lenguaje visual: un vocabulario nutrido por contrastes, que en última instancia busca esa humanidad compartida que existe en cualquier lugar.

ONENESS AWAKEN © Carla D’Amato

Por último, ¿en qué estás trabajando actualmente y qué proyectos o direcciones te entusiasma explorar en el futuro cercano?

Actualmente estoy trabajando en una extensión natural de mi práctica: lo que llamo la Performance Painting Platform, un marco vivo que se abre en cuatro direcciones de desarrollo. Dos de esos caminos están orientados a formatos de gran escala: experiencias colectivas e inmersivas. Son proyectos concebidos para convertirse en grandes exhibiciones y, en este momento, estoy trabajando con personas que están conectando la idea con museos, espacios expositivos inmersivos y festivales. Allí, mi foco está en lo colectivo, en todo lo que describí antes: cómo una atmósfera puede convertirse en una experiencia compartida y cómo una audiencia puede ingresar en un estado real de presencia a través del arte.

Otras dos líneas apuntan a llevar esa experiencia a la vida práctica: combinar mi lenguaje artístico con otros conocimientos y prácticas en crecimiento personal, coaching estratégico y liderazgo, para diseñar formatos donde grupos, comunidades y también equipos corporativos puedan entrar en una experiencia en la que el arte se vuelva vehículo para trabajar presencia, conexión, resiliencia, liderazgo y una conciencia más clara de quiénes somos en el momento presente, viéndonos, escuchándonos y reconectando.

Todavía hay mucho por construir. Y, si es posible, en el próximo año o dos, aspiro a formalizar con una galería de alto nivel que pueda acompañar estos proyectos con la escala y la estructura que requieren. En paralelo, continúo con mi producción de estudio y con el desarrollo de una serie de objetos —una sorpresa— que deseo concretar desde hace años y para la cual finalmente estoy abriendo el tiempo y el espacio adecuados. Llevemos el arte a la vida: un lenguaje que el alma ya comprende.


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